
Mañana buscaré las cenizas
de mi vida pasada
Que de tan vieja y usada
la arrojé al fuego sin miedo
Desprendida de mi viejo yo
Lo hice a un lado
Lo dejo
Y vivo de nuevo…

Espuma que mojas
las hojas de mi alma
esta noche de lluvia
y tristeza de plata.
Empapa mi rostro
con la sal de tus aguas
y dibuja en mis ojos
ternuras del alba.
Mi barca naufraga
en tu brisa marina,
mi cuerpo se hunde
en la luna plomiza.
Tus aguas me besan,
tus olas me abrazan
tu sal me penetra,
amante de agua…

Enterrada…
el peso de la tierra,
bruna y fresca
es cárcel de mis huesos,
de mi sal y mis células…
tan pequeña…
y tan funesta.
Enterrada…
el aire,
¡bendito ese aire!
que colmaba
mis pulmones…
ahora me es ajeno.
Un olor acre
a encierro
circula por mis venas
y presa de un terror
innombrable
lanzo el grito que en eco macabro
se expande...
Enterrada…
guardo secretos
paganos,
memorias antiguas
y un recuerdo jamás
olvidado…
El eclipse de una vida
que aún sigue vibrando…

La piel es cera derretida
Debajo de los ojos, manchas púrpuras
surcadas de ríos de agua salada
Amarga es la hiel que se deslizó por la garganta,
escuálidas gotas que pudren, queman y matan…lentamente
Tal vez demasiado lento
Ahogando el aullido desesperado
que se revuelca en la inmundicia del dolor
Se hacen úlceras en las heridas
Y en su fétido olor promulgan lo que ya sabes
Sigue caminando con pasos alquitranados…
Del dolor profundo
Hacia la absoluta nada...

Alma en pena,
derramas tu tristeza
en lóbregos rincones
y arrastras las cadenas
que te atan a tu yugo.
Grises son tus ojos,
tu aliento, de hielo y el dolor infinito
te carcome la mirada.
Hoy has venido a mí
desde aquella última vez
que crucé tus aposentos
guiada por tus gritos...
Agonía,
tortura...
Y como quella vez,
tu angustia se hace carne
en mi carne,
y de tus labios bebo
la sangre negra
que corre por tus venas.
Tu sangre amarga
que me ata y me hace tu esclava...
Eternamente...