
Enterrada…
el peso de la tierra,
bruna y fresca
es cárcel de mis huesos,
de mi sal y mis células…
de mi sal y mis células…
tan pequeña…
y tan funesta.
y tan funesta.
Enterrada…
el aire,
¡bendito ese aire!
¡bendito ese aire!
que colmaba
mis pulmones…
mis pulmones…
ahora me es ajeno.
Un olor acre
a encierro
circula por mis venas
y presa de un terror
innombrable
innombrable
lanzo el grito que en eco macabro
se expande...
se expande...
Enterrada…
guardo secretos
paganos,
memorias antiguas
y un recuerdo jamás
olvidado…
guardo secretos
paganos,
memorias antiguas
y un recuerdo jamás
olvidado…
El eclipse de una vida
que aún sigue vibrando…
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